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miércoles, 11 de abril de 2012

яe¢υeяđøš


El autobús discurría por una carretera que bordeaba comarca agraria europea, ella ya ni sabía donde se encontraba… había vagado tanto en su vida que ya ni recordaba su Esparta natal. Parecía extraño, puesto que cuando le preguntaban de donde era decía que era americana, sin concretar sitio. Lo cierto era que habían caído tantos milenios desde el día en que ella había nacido… había visto imperios forjarse y destruirse, había visto amores, traiciones, mentiras, angustia, codicia, todo ello rodeado de poder.
Nadie nunca le dijo como vivir la vida, nadie nunca le dijo como esto iba a ser, a veces, a pesar de su fuerza, se sentía débil, indefensa frente a un mundo que evolucionaba y amenazaba con devorarlo todo, deshacer las cosas buenas, quemarlo todo hasta los mismísimos cimientos.
Vagando por el mundo, buscaba un lugar tranquilo, de esos en los que se puede descansar, ver niños crecer y rara vez se ve a alguien llorar, era consciente de que en el mundo ya no quedaban sitios así, pero valía la pena intentarlo…
Pero algo captó su atención, fuego… esto era algo que ella ya había vivido, casas arder con un brillo inusual que contrasta con la oscuridad de la noche, pero como solía ser usual, era culpa del ser humano, ese ser frágil tan maravilloso a la par que vil… Se acercó al sitio del fuego… odio, mucho odio alrededor, según le dijeron, la casa de unos extranjeros… y volvió a suceder, las fobias, los miedos, las inseguridades humanas volvieron a cobrarse vidas inocentes, vidas de gente que sólo busca estar mejor, las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.. y no lo pudo evitar.. la sed.. y todo comenzó a ser borroso..
Más tarde recordaría el episodio por fragmentos, se veía a sí misma preguntando a aquellos aldeanos si sabían lo que era sufrir, si eran conscientes de que iban a morir… y la sangre… el dulce olor de la sangre, cayendo por su cuerpo, en su boca, bajando por su esófago, oía los gritos, los ignoraba y mordía lo más fuerte que podía, quería que ellos sintieran lo que los habitantes de esa casa sintieron, que murieran con los ojos llenos de pánico, como probablemente lo habrían hecho aquellos niños… y el fuego se apagó, y con él los gritos, la sangre, la furia… y allí, algo murió una vez más en su interior, algo que tardaría siglos en revivir.. y allí, descubrió que aún era capaz de llorar por si misma, que era capaz de sentir lástima y culpa… allí descubrió que la vampiresa también tenía algo de humana.

domingo, 30 de agosto de 2009

ḋɾáсυlα, εl ṃïτø

Vladislav Tepes Draculea, debe su afamado apodo no a meritos propios sino a su padre Vladislav I Dracul (el diablo) así, el apodo Draculea, significa el hijo del diablo, Vladislav pasa a la historia como uno de los hombres mas crueles por su consabida predilección por el empalamiento, método de tortura extremadamente cruel, al que sometió a enemigos, traidores, y delincuentes, incluyendo a las familias de todos estos, no le perdonaba la vida ni siquiera a los bebés. Incluso los miembros “rebeldes” de su propia milicia sufrieron este bárbaro método de ajusticiamiento.

Un delegado del papa en Hungría describió a Vladislav de la siguiente manera:

“No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra.”

Vladislav, al llegar al trono de Valaquia demostró su extensa crueldad al mandar a empalar a hombres, mujeres y niños en aquellas ciudades donde se negaban a comerciar con él o aceptarlo como legitimo príncipe, así podemos citar como ejemplo a las ciudades transilvanas con habitantes alemanes donde en 1459 fueron empalados 30.000 colonos, sabiéndose que era de su agrado desayunar entre los bosques de empalados que iba creando.
Así, muy lejos de la historia que nos cuenta el autor irlandés Bram Stoker, Drácula no era un vampiro bebedor de sangre, sino un sádico que, haciendo gala de su atroz herencia familiar, disfrutaba con el sufrimiento ajeno.

Bueno así me despido, desmitificando al conde drácula y exponiendo al primero de mis villanos de la historia, más vendrán… la siguientes si es una auténtica reina de la sangre… nuestra ya conocida Elizabeth Bathory.

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viernes, 17 de julio de 2009

ṡεɾεṡ ḋε luʐ quε ølṿïḋαɾøṉ сøṃø вɾïllαɾ



“A pesar de todo, saboreo cada momento de mi no-vida. Saboreo la sensación de mi vieja piel arrugada a través de guantes de seda, girándolos página a página. Mis manos tiemblan con placer mientras sujetan suaves, frías luces y leen tinta que se secó cuando Carlomagno era joven. Saboreo el gentil, quieto terror de leer tabletas cuneiformes que amenazan con desmenuzarse ante mi presencia. Más que esto, quizá más que la mortalidad en si misma, es la búsqueda que quema en mi interior. Es explorar. He viajado alrededor del mundo, quizás más que ningún otro de mi línea de sangre.”


Con este párrafo del “libro de Nod” comencé a divagar pensando en lo tediosa que resulta la vida tras siglos de la misma existencia, mi apariencia joven no evita que me sienta obsoleta y apartada del bullicio mundano de estos días que corren. Hoy me sorprende lo crueles que pueden llegar a ser los humanos y me causa cierto estupor y risa que nos denominen a nosotros monstruos o malditos.

Los no muertos tenemos más consciencia de la decadencia humana que ellos mismos, su propia sangre ha cambiado ahora sabe a corrupción, perversión, vacío emocional y falta de empatía.

Me considero afortunada de ser lo que soy, una vampiresa con recuerdos de otras épocas, épocas de ideales, de revolución, de fraternidad, de sentimientos puros. Hoy los humanos no pueden sentir nada puro sin echarlo a perder, corromperlo y destruirlo, ni siquiera el amor es puro en ellos ya, su propio odio e individualismo los corroe, creo que el mismísimo Lucero del Alba estaría sorprendido, estos seres aparentemente frágiles tienen tantas artimañas y artilugios destructivos que no necesitan de otra especie (superior o no) que los guíe a su propia perdición.
Mis letras corren cual mar de lágrimas, lagrimas derramadas por las madres humanas que ven como otros “hijos de Dios” diezman su prole.

Me entristece saber que un día pertenecí a tan vil raza, la oscuridad se cierne sobre ellos, pero no mi tipo de oscuridad, no aquella oscuridad que es amante altiva y peligrosa sino una oscuridad llena de dolor y malicia porque los humanos no saben vivir en la oscuridad, son seres de luz que olvidaron como brillar.
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martes, 9 de junio de 2009

αмαитє єи ℓα σѕ¢υяι∂α∂




Hoy una vez mas estoy aquí, sentada en la oscuridad, mirando hacia el infinito, distingo sombras que bailan en el halo de luz que se cuela por alguna rendija de una ventana sin piedad ni misericordia por mi alma sangrante, rodeada de pena... parece que las sombras deformes de mi mente han tomado corporeidad delante de mis ojos, se burlan, se ríen, me recuerdan que la razón de mi ser se encuentra a kilómetros de distancia, a años luz de mis labios que lo añoran, que lo desean, que lo llaman irremediablemente, sin cesar...

Mi Caballero Oscuro se alejó entre la densa bruma que lo asediaba, lo rodeaba, lo asfixiaba cual serpiente mitológica… se alejó entre amargas y oscuras lágrimas y promesas de regresar… dejando a su vampiresa anhelante y desesperada. Los meses pasaron, las décadas transcurrieron y mi vampiro aún no ha regresado, pero aún siento su presencia, aún siento el gélido roce de sus manos, su sangriento beso, nuestro pacto de sangre sigue en pie, aún somos uno, uno separado a la mitad.


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viernes, 5 de junio de 2009

ṿαṃρïɾïсα ṃεṃøɾïα


Una vez más, resguardada del cruel sol, cobijada en la penumbra de mi guarida evoco sin dudar el recuerdo de mi dulce vampiro que ya no está, cierro los ojos y lo busco en el laberinto de siglos vividos que es mi memoria, ansiando poder estar a su lado una vez mas, poder sentir su dulce mordida, sentir aquellos colmillos amados desgarrando mi piel, abriéndose paso por entre ella para llegar hasta su tesoro mas preciado… mi sangre. Ohh el tiempo es un tirano y la memoria, la memoria es su dulce arma punzante, dañina y mortífera que acecha mi cordura, amenazando con romperla, resquebrajar el poco sentido que le queda a mi vacía e impía existencia.

Evocando su recuerdo la noche vino a mi encuentro, tan esperanzadora, hechizante y seductora como siempre, una vez más la dama negra me invitó a bailar su vals, a danzar entre sus hijos oscuros, como una más… una mas de las almas cuya condena era vivir eternamente, poseer la memoria de tiempos mas apacibles, esa es nuestra tortura… el recuerdo, no hay ser eterno que no viva torturado por el recuerdo.. pero, danzando entre mis hermanos, los hijos de la noche, lo sentí, mi cuerpo se estremeció todo mi ser se lleno de una suave sensación de vértigo, mi condena personal estaba allí, si., si mi dulce vampiro estaba bajo el mismo cielo que yo, siendo custodiado por la misma luna que hacia de mi centinela… ¿Dónde estaría oculto? ¿Dejaría que su antigua amante lo viera una vez más?.. Y así… así fue como desperté de mi letargo… me había dormido y mis anhelos habían jugado con mi subconsciente… a veces, ni siquiera un vampiro puede evitar que la daga punzante del amor lo lastime, lo hiera y a veces hasta lo conduzca a los brazos del mismísimo Lucifer.


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